
Máscara Ibérica
El libro reúne cerca de ciento cincuenta fotografías realizadas durante más de treinta años de documentación sobre las mascaradas y rituales de invierno del noroeste de la Península Ibérica. A través de imágenes, textos y testimonios visuales, el libro se adentra en un universo ancestral ligado al mundo rural, los ciclos de la naturaleza y la memoria colectiva de las comunidades que aún conservan estas tradiciones. Una edición concebida como documento visual, archivo cultural y viaje a las raíces simbólicas de nuestras celebraciones más antiguas.
Características del libro
- Formato: cerrado 210×297 mm / abierto 420×297 mm.
- 208 páginas y cubiertas en tapa dura.
- Papel interior, Arena Natural Rough. Guardas, Matérica Verdigris.
- Cubiertas, Matérica Verdigris. Adhesivo blanco mate de 155×105 mm.
- Acabado en la cubierta: stamping de 2 colores en el texto de la cubierta, contracubierta y lomo. Golpe seco medida 155×105 mm para el posicionamiento del adhesivo.
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El Proyecto
The Project
Hace más de treinta años emprendí un viaje impulsado por una inquietud profunda: comprender la ancestralidad de las máscaras. No me atraían los carnavales ni los espectáculos; buscaba los ritos que hablan del tiempo, de la tierra y de quienes los habitan.
Lo que comenzó observando aldeas del noroeste de la Península Ibérica se extendió a muchos territorios de Europa y del mundo, cruzando regiones donde los rituales conservan ecos de secretos antiguos y universales: al norte, las tierras de la antigua Tracia; al sur, los pueblos amazigh del Atlas; al este, el océano y México, donde tradiciones heredadas de España aún mantienen vivos símbolos que atraviesan generaciones; al oeste, el Mediterráneo, con sus mascaradas de fertilidad que hablan del tiempo y de la tierra.
Desde el primer instante, una pregunta me acompañó: ¿POR QUÉ? ¿Por qué cubrir el rostro, sostener gestos y sonidos que conectan con la comunidad y con los ciclos del sol y la luna, los solsticios y los equinoccios? Aprendí pronto que ninguna teoría reemplaza la experiencia. Solo observar, esperar, escuchar y sentir permite descubrir el ritmo profundo que anima estos rituales.
La cámara se convirtió en mi compañera inseparable. Cada fotografía busca capturar lo que las palabras no alcanzan: la respiración detrás de la máscara, la tensión entre lo humano y lo simbólico, la energía que transforma lo cotidiano en memoria viva. Lo que comenzó como etnografía se convirtió en un viaje de evolución simbólica, donde cada imagen revela la continuidad de un lenguaje ancestral que conecta generaciones.
Mientras nuestras ciudades pierden los ciclos naturales y la luz se diluye entre edificios, en muchas aldeas los ritmos siguen marcados por la tierra y el cielo. Las mascaradas forman parte de un calendario profundo que recuerda que el tiempo es cíclico y que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos.
Abandonemos por un momento las obligaciones de la sociedad contemporánea y naveguemos por el mundo de las máscaras, los ciclos, los astros y el tiempo. Que estas páginas sean la invitación a comenzar este viaje, a mirar, escuchar y sentir un universo que sigue vivo y que espera ser descubierto.

Biografía
Biography
Carlos González Ximénez (Madrid, 1961) pertenece a una familia de artistas jerezanos y es la cuarta generación de fotógrafos, una herencia que ha marcado profundamente su sensibilidad visual y su vínculo con la memoria cultural. Desde pequeño creció rodeado de referencias artísticas: su padre, especialista en la pintura de Goya, llenaba el hogar de libros y objetos que cultivaron su mirada y respeto por la tradición.
Sus primeros pasos en el mundo creativo fueron como dibujante e ilustrador, realizando cuadernos de campo y dibujos naturalistas que documentaban sus observaciones durante viajes y excursiones. Con el tiempo, la fotografía se convirtió en su lenguaje principal, una herramienta capaz de capturar lo oculto, lo mágico y lo simbólico de la vida y las tradiciones.
Ha recorrido toda la Península Ibérica, Bulgaria, Rumania, los pueblos amazigh del Atlas y diversas regiones de México, registrando ritos, festividades y gestos que sostienen la memoria colectiva y los símbolos que atraviesan generaciones. Durante sus exploraciones en México, la colaboración con colegas le permitió acceder a comunidades remotas, enriqueciendo su archivo visual sin desviar el protagonismo de su propia mirada.
Durante más de tres décadas ha experimentado la transición de la fotografía analógica a la digital, adaptándose a cambios tecnológicos y nuevas formas de explorar el mundo visual, sin perder la cercanía y respeto que siempre ha guiado su trabajo. Su obra combina observación etnográfica con sensibilidad artística y ha participado en proyectos multidisciplinares, integrando fotografía, ilustración y narrativa visual.
Carlos ha trabajado también como conservador y curador de archivos históricos, contribuyendo a preservar la memoria visual de nuestra cultura. Su práctica artística sigue guiada por la curiosidad y la atención al detalle, explorando manifestaciones culturales singulares y viajando a lugares donde lo simbólico y lo humano se cruzan.

Foto de Yannick Cormier


Más iguales que diferentes
La estética es la puerta de entrada: las máscaras, los trajes, los materiales y la fuerza ornamental. “La estética me permite generar un registro visual riguroso que después puedo comparar con otros registros obtenidos en distintas expediciones, estableciendo relaciones y sacando conclusiones. La imagen sin contexto es solo superficie; el contexto sin imagen pierde parte de su potencia simbólica”.
Carlos halla constantemente analogías sorprendentes entre mascaradas separadas geográficamente. “Figuras liminares, uso de pieles animales, inversión de roles, ruido, fuego, máscaras grotescas… Son patrones que se repiten no solo en regiones separadas de la Península Ibérica, sino también entre continentes. Llevo años trabajando con las máscaras rituales de México y he observado ciertos parecidos y paralelismos con las nuestras. En la Península, incluso podríamos agrupar las máscaras en ‘familias’, algunas de las cuales muestran conexiones que nos remiten al norte de Europa, a Italia o a Grecia. Esto demuestra que estamos ante un sustrato simbólico compartido, más profundo que las fronteras administrativas o geográficas”.































